
Los casos de acoso sexual en el trabajo se multiplican desde el inicio de la crisis. Expertos afirman que, cuando la "pelota" claudica, el bajo vientre toma el mando. Y es que las bajas pasiones hacen estragos cuando el puesto de trabajo peligra y Montoro asoma sus orejas de goblin.
Es el caso de Eufemia Lopera, teleoperadora de una conocida compañía telefónica. Eufemia se había beneficiado a casi todo el personal de la oficina, gracias, al parecer, a unos imaginativos "trabajos manuales" de los que todos hablaban. Pero un joven recién llegado se le resistía, y no se le puede reprochar su reticencia, pues la tal Eufemia presenta un aspecto, digamos, poco común; algo así como un cruce entre María Jesús, la de los pajaritos, y Chiquito de la Calzada. Cuando el acosado, Fidel Moreno, entendió, que sin lugar a dudas, era su próximo objetivo. "Me miraba con ojos como bombillas..." se levantó de su puesto y, sin mediar palabra, se tiró por la ventana, desnucando a un vendedor de la ONCE en su intento de quitarse de enmedio.
Se tira un cuesco tal que hace apostatar al arzobispo de Pamplona.
El insólito suceso tuvo lugar en la histórica villa de Oñate. La inauguración de una nueva residencia para mayores reunió a alcalde, concejales y otros próceres, entre los que se encontraba su Excelencia Reverendísima S. R. U., arzobispo de Pamplona, que daría su bendición al centro.
Después del acto sus señorías asistieron a un banquete como es costumbre por estos pagos, pagos que no salen precisamente de los bolsillos de sus señorías. Tras apretarse un chuletón de buey y otras viandas, en medio de un distendido ambiente que debía no poco a los caldos del lugar, un desahogao se tiró un cuesco que, a modo de chupinazo, provocó el caos en la sala. Convencidos algunos por la pestilancia de que se trataba de una explosión de gas, salieron pitando en la mayor confusión. Luchando a brazo partido por abrirse paso, Monseñor tropezó y fue a dar de bruces sobre la concejala de tiempo libre, doña Osoria Gancedo. "¡Esto es un sin dios!" grito rojo de ira el arzobispo. "¡Colocarme a mí a esta foca como alfombra!". El culpable de tal estropicio se mantiene aún en el anonimato.
Después del acto sus señorías asistieron a un banquete como es costumbre por estos pagos, pagos que no salen precisamente de los bolsillos de sus señorías. Tras apretarse un chuletón de buey y otras viandas, en medio de un distendido ambiente que debía no poco a los caldos del lugar, un desahogao se tiró un cuesco que, a modo de chupinazo, provocó el caos en la sala. Convencidos algunos por la pestilancia de que se trataba de una explosión de gas, salieron pitando en la mayor confusión. Luchando a brazo partido por abrirse paso, Monseñor tropezó y fue a dar de bruces sobre la concejala de tiempo libre, doña Osoria Gancedo. "¡Esto es un sin dios!" grito rojo de ira el arzobispo. "¡Colocarme a mí a esta foca como alfombra!". El culpable de tal estropicio se mantiene aún en el anonimato.
