Un vecino de Cogolludo se hace rico vendiendo extensiones de vello púbico.
Sandalio
Ribera tuvo la brillante idea que le convirtió en el emprendedor de moda
mirando a su señora las partes mientras tomaba una ducha. Su cuñado Edelmiro le confesó que a su mujer
le pasaba lo mismo, y así a todas las del pueblo que pasaban de los 50.
Pensando en la calvicie púbica de las famosas maduritas mientras sujetaba el
escobón de barrer el corral, dio con la solución en una fracción de segundo.
Sandalio, semianalfabeto y a las puertas de la jubilación, asistió atónito al brainstorming que se desencadenó en su poco
usado cerebro. “se mocurrían cosas sin
parar, como una ducha oiga”. Confesó Sandalio. “Veía la imagen de Huecco y sus rastas, el pelo planchao de la Lomana,
el caracolillo de la Niña los Peines, too a la vez. Macordé de mi sobrina la
Puri ques peluquera y la conté too. Me dijo que podía hacer extensiones a gogó
paesos menesteres”. Y tras vender la burra y otros apaños principió su
sustancioso negocio, luciendo a partir de entonces las vecinas de Cogolludo una
espléndida melena…más abajo de su cabeza.
Tras 50 años de matrimonio comprueba que su marido es de
escayola.
Ifigenia
Castrillo no podía dar crédito al doctor cuando éste le confesó que Eusebio
Paredes, con quien había contraído matrimonio 50 años atrás no era de carne y
hueso, sino de escayola.”Pero ¡Cómo es
posible, si nos casamos de penalti!”. El doctor, Federico Maderuelo le
sugirió que algún otro tomaría su lugar en la noche de autos. “Pues, ahora que lo dice…”. Ifigenia es
corta de vista y de otras cosas, pero llegar a esos extremos…”Está desolada”, confiesa una vecina de
Almuradiel, lugar de los hechos. “Todos
lo sabíamos, pero al verla tan ilusionada con su flamante marido”. “Pero...”, preguntó la corresponsal, “¿Y el cura que ofició la boda, no se dio
cuenta de que el marido era un muñeco de esos que venden en los chinos?”. La
vecina solo le dijo: “¿Y quién cree que
se ha beneficiado a la Ifigenia todo este tiempo?. Y como obra de misericordia,
dice el nota”. Denunciado por abusos, el párroco Don Agustín Comodón fue
destituido de su función, pero Ifigenia exigió su presencia en el tálamo
nupcial y en las bodas de oro de próxima celebración. “Y hasta que la muerte nos separe, no faltaba más”. El muñeco de
escayola preside ahora el salón de plenos del ayuntamiento. “Gasta menos que el alcalde y no se queja”.
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