Celedonio López, cajero de la sucursal del Banco Sabadell,
sita en la calle del Pudre de Villarejo de Salvanés, se llevó el mayor susto de
su vida cuando una pintoresca imagen se materializó junto al pupitre de
atención al cliente. “Era horroroso, una
especie de momia con ojos azules de Barbie loca”. Una pareja de inmigrantes
peruanos identificó de inmediato la extraña aparición. “¡El Niño Compadrito!”. Y al punto se echaron a sus pies. “Ay, Compadrito, que quieren quitarnos la casa.
Haz algo, papito.” Y algo hizo, si, la criatura. Se tiró un cuesco que
hasta el Cristo de la pared se tapó la nariz. Los efluvios tumbaron a todos los
presentes, menos al peruano, que sacó un mechero del Rayo Vallecano y, tras
encenderlo, el fogonazo que se produjo hizo arder la sucursal. Desde entonces
una epidemia de Niños Compadrito se persona en sucursales de bancos y cajas de
ahorro. La policía no cree en una intervención sobrenatural, “las apariciones no se peden…” , y
sospecha que tras ellos se esconde la banda del Chato. Se estrecha el cerco sobre el Yeti del Bercial
Ya no hay que ir a dónde Cristo perdió los gayumbos para
avistar criaturas buscadas por la Criptozoologia. Un vecino del Bercial, que no
ha querido facilitar su identidad “para
que no se rían en mis barbas en las partidas de mus”, asegura haber visto
correteando por el polígono a una criatura alta como un poste y peluda como un
oso. “Iba como dando saltitos, igualito
que el Chiquito ese.” Lo más extraño era el aroma que desprendía el ser, no
un olor fétido, sino que “apestaba a Agua
Brava, lo sé porque mi yerno me regaló un frasco por Reyes.”. Esta insólita
conducta del presunto Yeti parece deberse a una visita en la sección de
perfumería del Corte Inglés del Bercial. Investigadores del caso, que se
presentaron allí vestidos de baturro, recogieron el testimonio de una dependienta,
Pasión de Jesús Garrido. “Si, vino un
cliente un poco peculiar, muy alto y peludo. Con esa publicidad de “Vuelve el
hombre…” no me extrañó demasiado su aspecto. Llevaba una insignia del Betis y
tenía un diente de oro, como los moros”. Al parecer y sin mediar palabra,
cogió un frasco de colonia y echó a correr. “Podría
al menos haberme dado su móvil, me gustan así, machotes”. Un efectivo de la Benemérita, reforzado por marujas supersalidas, buscan pistas del ya conocido como Yeti del Bercial, que al parecer se desplaza en metrosur como si tal cosa.
