viernes, 26 de octubre de 2012

El Niño Compadrito se persona en una sucursal del banco Sabadell


Celedonio López, cajero de la sucursal del Banco Sabadell, sita en la calle del Pudre de Villarejo de Salvanés, se llevó el mayor susto de su vida cuando una pintoresca imagen se materializó junto al pupitre de atención al cliente. “Era horroroso, una especie de momia con ojos azules de Barbie loca”. Una pareja de inmigrantes peruanos identificó de inmediato la extraña aparición. “¡El Niño Compadrito!”. Y al punto se echaron a sus pies. “Ay, Compadrito, que quieren quitarnos la casa. Haz algo, papito.” Y algo hizo, si, la criatura. Se tiró un cuesco que hasta el Cristo de la pared se tapó la nariz. Los efluvios tumbaron a todos los presentes, menos al peruano, que sacó un mechero del Rayo Vallecano y, tras encenderlo, el fogonazo que se produjo hizo arder la sucursal. Desde entonces una epidemia de Niños Compadrito se persona en sucursales de bancos y cajas de ahorro. La policía no cree en una intervención sobrenatural, “las apariciones no se peden…” , y sospecha que tras ellos se esconde la banda del Chato. 

Se estrecha el cerco sobre el Yeti del Bercial

Ya no hay que ir a dónde Cristo perdió los gayumbos para avistar criaturas buscadas por la Criptozoologia. Un vecino del Bercial, que no ha querido facilitar su identidad “para que no se rían en mis barbas en las partidas de mus”, asegura haber visto correteando por el polígono a una criatura alta como un poste y peluda como un oso. “Iba como dando saltitos, igualito que el Chiquito ese.” Lo más extraño era el aroma que desprendía el ser, no un olor fétido, sino que “apestaba a Agua Brava, lo sé porque mi yerno me regaló un frasco por Reyes.”. Esta insólita conducta del presunto Yeti parece deberse a una visita en la sección de perfumería del Corte Inglés del Bercial. Investigadores del caso, que se presentaron allí vestidos de baturro, recogieron el testimonio de una dependienta, Pasión de Jesús Garrido. “Si, vino un cliente un poco peculiar, muy alto y peludo. Con esa publicidad de “Vuelve el hombre…” no me extrañó demasiado su aspecto. Llevaba una insignia del Betis y tenía un diente de oro, como los moros”. Al parecer y sin mediar palabra, cogió un frasco de colonia y echó a correr. “Podría al menos haberme dado su móvil, me gustan así, machotes”. Un efectivo de la Benemérita, reforzado por marujas supersalidas, buscan pistas del ya conocido como Yeti del Bercial, que al parecer se desplaza en metrosur como si tal cosa.

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