Nemesia Pradillo, vecina de Alpedrete y conocida por sus presuntas canalizaciones de seres extradimensionales, se llevó el susto de su vida al levantar el colchón y encontrar un indeseable inquilino cuya visión haría retroceder al mismísimo Montoro. "Oía un ris ras ris ras como de hurgue y ¡Virgen santísima! ahí estaba encaramao, horroroso, más feo que mi Aniceto, que en gloria esté. Con tres ojos y ocho piernas y todo lleno de pelos", relata Nemesia. "Y lo peor es como me puso el colchón de escolástica. Me dijo por telepete que era de alfa centorro y que le estaban matando las almorranas". Ante tan insólito avistamiento se armó un revuelo que solo amainó cuando dos individuos del FMI procedieron a retirar al intruso para ponerlo a buen recaudo en un lugar secreto del desierto de Matalauva, que Roswell ya está muy visto.
Un emprendedor baturro nueva víctima de la burundanga
Sofronio Hernández, conocido empresario de Calatayud y propietario de la firma El condón baturro, se encaminaba a misa de doce cuando una señora mayor le abordó en la calle para pedirle la hora. Mientras consultaba su reloj la anciana aprovechó la distracción para soplarle a la cara la burundanga, simulando al momento un estornudo. Desde ese aciago instante Sofronio se convirtió en esclavo de la mujer, que se colgó de su brazo y no paró de parlotear aturdiendo aún más a la víctima. La singular pareja se personó en el despacho del empresario, ante la atónita mirada de sus empleados. "Es mi abuela Leocadia", aclaró la víctima. Y tras cerrar la puerta Sofronio vació la caja fuerte entregando a la singular ladrona más de 200.000 euros y algunos vales de Ahorramás. Cuando horas después el empresario comprobó el desaguisado su secretaria, Gertrudis, le espetó "¿Cómo es que tiene usted una abuela más negra que un zapato?". "Que no cuela jefe, que para gustos los colores..."
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